Juciane Festa
Fundadora & CEO Grupo Shalem
Cada 23 de septiembre, Arabia Saudita conmemora la unificación del reino proclamada en 1932. Sin embargo, detrás de esta fecha se encuentra una historia mucho más extensa: antiguas rutas comerciales, sociedades tribales, comunidades judías y cristianas, el nacimiento del islam y un complejo proceso político que terminó configurando uno de los Estados más influyentes del Medio Oriente contemporáneo.
El 23 de septiembre se celebra el Día Nacional de Arabia Saudita, fecha que recuerda la proclamación, en 1932, del Reino de Arabia Saudita bajo el liderazgo de Abdulaziz ibn Saud. El acontecimiento fue la culminación de un proceso de unificación territorial que había comenzado varias décadas antes y que transformó profundamente el mapa político de la península Arábiga. (Ministry of Foreign Affairs)
Pero la historia de Arabia no comenzó con la creación del reino moderno. Mucho antes de que existiera Arabia Saudita —e incluso antes del surgimiento del islam— la península había sido escenario de importantes intercambios comerciales, culturales y religiosos.
Comprender el significado histórico del 23 de septiembre requiere, por tanto, mirar mucho más atrás.
Arabia antes de Arabia Saudita
La península Arábiga ocupa una posición geográfica excepcional. Situada entre África, el Mediterráneo, Mesopotamia, Persia y el océano Índico, durante siglos formó parte de las redes que conectaban diferentes regiones del mundo antiguo.
Por sus rutas circularon productos particularmente apreciados, como el incienso, la mirra, especias y otros bienes procedentes tanto del sur de Arabia como de rutas comerciales que enlazaban con África y Asia.
Lejos de constituir un espacio culturalmente uniforme, la antigua Arabia estuvo habitada por sociedades muy diversas. Algunas mantuvieron formas de organización tribal y seminómada, mientras otras desarrollaron asentamientos urbanos y estructuras políticas complejas.
Especialmente importantes fueron los reinos del sur de Arabia —en territorios correspondientes principalmente al actual Yemen—, entre ellos Saba, Qataban, Hadramaut y Himyar, vinculados a las grandes rutas comerciales de la Antigüedad.
Al norte y noroeste de la península también surgieron importantes centros caravaneros y oasis que conectaban Arabia con el Levante, Mesopotamia y el Mediterráneo.
Arabia, por tanto, nunca estuvo completamente aislada del mundo que la rodeaba.
Un territorio de encuentros religiosos
La historia religiosa de Arabia anterior al islam resulta especialmente significativa para comprender posteriormente el surgimiento de la tercera gran religión monoteísta de tradición abrahámica.
Durante la Antigüedad tardía, la península presentaba un paisaje religioso plural.
Junto con numerosos cultos árabes tradicionales existieron comunidades judías y cristianas, particularmente en determinadas regiones y centros comerciales. Las relaciones con los imperios bizantino y sasánida, así como con Siria, Palestina, Mesopotamia, Etiopía y el sur de Arabia, favorecieron la circulación de personas, ideas y tradiciones religiosas.
Esto significa que cuando apareció el islam en el siglo VII, conceptos como Abraham, Moisés, María, Jesús, la revelación, la profecía, el juicio divino o la existencia de una Escritura sagrada no eran completamente desconocidos en el horizonte religioso de Arabia.
El islam surgió precisamente dentro de ese complejo universo cultural.
La Meca, Medina y el nacimiento del islam
En el siglo VII, dos ciudades de la región del Hiyaz adquirirían una importancia que transformaría definitivamente la historia de Arabia y del mundo: La Meca y Medina.
Según la tradición islámica, alrededor del año 610, Muhammad comenzó a recibir las revelaciones que posteriormente constituirían el Corán.
La oposición que encontró su predicación en La Meca llevó finalmente a la emigración de Muhammad y sus seguidores hacia Yathrib —posteriormente conocida como Medina— en el año 622.
Este acontecimiento, conocido como la Hégira, se convirtió en un momento fundamental de la historia islámica y posteriormente en el punto de partida del calendario musulmán.
Desde Arabia, el islam se expandiría extraordinariamente durante los siglos siguientes, llegando desde la península Ibérica hasta Asia Central.
Sin embargo, a medida que los grandes centros políticos del mundo islámico se desplazaron hacia ciudades como Damasco, Bagdad, El Cairo o Estambul, buena parte de Arabia quedó políticamente fragmentada durante largos períodos.
La Meca y Medina conservaron, no obstante, una importancia religiosa incomparable.
Hasta nuestros días constituyen las dos ciudades más sagradas del islam.
Los orígenes del Estado saudí
La historia política específicamente saudí comienza muchos siglos después.
En el siglo XVIII, en la región central de Arabia conocida como Nayd, surgió una alianza que tendría consecuencias decisivas para la historia de la península.
En 1727, Muhammad ibn Saud estableció su gobierno en Diriyah, acontecimiento que actualmente Arabia Saudita recuerda mediante el Día de la Fundación, celebrado cada 22 de febrero. Esta fecha no debe confundirse con el Día Nacional del 23 de septiembre: la primera recuerda los orígenes del primer Estado saudí; la segunda, la unificación del reino moderno en 1932.
La historia saudí atravesaría posteriormente distintas etapas, conflictos y reorganizaciones políticas hasta llegar, a comienzos del siglo XX, a la figura fundamental en la creación del Estado contemporáneo: Abdulaziz ibn Saud.
Abdulaziz ibn Saud y la construcción del reino
En enero de 1902, Abdulaziz logró recuperar Riad, ciudad que había pertenecido anteriormente a la familia Saud.
Este acontecimiento marcó el comienzo de un largo proceso de expansión y consolidación territorial. Durante aproximadamente tres décadas, Abdulaziz fue incorporando diferentes regiones de la península bajo su autoridad. (Ministry of Foreign Affairs)
El proceso incluyó territorios con identidades e historias particulares, entre ellos Nayd y el Hiyaz, región de enorme importancia por encontrarse allí La Meca y Medina.
En 1926 Abdulaziz se convirtió en rey del Hiyaz y, posteriormente, gobernó el Hiyaz y Nayd bajo una misma autoridad. Durante los años siguientes continuó el proceso de integración territorial y administrativa.
Finalmente, en septiembre de 1932 se emitió el decreto que estableció la unificación de los territorios bajo un nuevo nombre:
Reino de Arabia Saudita.
La proclamación entró en vigor el 23 de septiembre de 1932. Por esta razón, esa fecha se convertiría posteriormente en el Día Nacional del país.
23 de septiembre: una fecha para recordar la unificación
El Día Nacional saudí no conmemora, por tanto, el nacimiento de Arabia como realidad histórica o cultural.
Conmemora algo mucho más específico: la formación del Estado saudí moderno.
La distinción resulta importante.
La historia de Arabia se extiende por milenios; la historia del islam comienza en el siglo VII; los antecedentes del Estado saudí se remontan al siglo XVIII; pero el Reino de Arabia Saudita, con ese nombre y configuración política, nació oficialmente en 1932.
Actualmente, cada 23 de septiembre el país recuerda aquella unificación mediante actos públicos, celebraciones y la presencia destacada de la bandera nacional. El Día Nacional fue formalmente establecido como celebración anual durante el reinado del rey Faisal en 1965 y posteriormente convertido en feriado oficial en 2004.
En 2026 se cumplen 94 años de la proclamación del Reino de Arabia Saudita, aunque la celebración recibe tradicionalmente una numeración distinta al simple cálculo de aniversarios transcurridos.
Del reino del desierto a un actor internacional
Pocos años después de la unificación ocurrió otro acontecimiento que modificaría radicalmente la historia del nuevo Estado: el desarrollo de la industria petrolera.
La explotación de enormes reservas de petróleo transformó progresivamente la economía saudí y otorgó al reino una creciente relevancia internacional.
Durante el siglo XX, Arabia Saudita pasó de ser un Estado recientemente unificado de la península Arábiga a convertirse en un actor central del Medio Oriente y de la economía energética mundial.
Pero su importancia no puede entenderse exclusivamente desde el petróleo.
El reino posee además una dimensión religiosa única: dentro de sus fronteras se encuentran La Meca y Medina, destino de millones de musulmanes que realizan la peregrinación a La Meca —el Hajj—, uno de los cinco pilares del islam.
Así, en Arabia Saudita convergen dimensiones que pocas naciones reúnen de manera tan marcada: historia, religión, geopolítica y economía.
Arabia Saudita entre tradición y transformación
En las últimas décadas, y especialmente durante el siglo XXI, Arabia Saudita ha experimentado importantes procesos de transformación económica, urbana, cultural y social.
El país busca diversificar una economía históricamente dependiente del petróleo y desarrollar sectores vinculados con tecnología, turismo, infraestructura, cultura y entretenimiento.
Estas transformaciones conviven con estructuras religiosas, sociales y políticas profundamente arraigadas, produciendo tensiones y cambios que forman parte de la Arabia Saudita contemporánea.
Comprender el reino actual exige, por ello, evitar dos simplificaciones frecuentes: imaginarlo únicamente como una sociedad petrolera moderna o contemplarlo exclusivamente desde su tradición religiosa.
Arabia Saudita es producto de ambas dimensiones y, al mismo tiempo, de una historia mucho más antigua.
Una fecha moderna sobre una tierra milenaria
El 23 de septiembre de 1932 representa un acontecimiento relativamente reciente dentro de la extensa historia de la península Arábiga.
Sin embargo, aquella proclamación reunió bajo una misma estructura estatal regiones que durante siglos habían poseído historias, comunidades y dinámicas políticas diversas.
Por eso, el Día Nacional de Arabia Saudita puede ser también una oportunidad para mirar más allá de la celebración contemporánea.
Detrás del reino fundado en el siglo XX encontramos las antiguas rutas comerciales de Arabia; pueblos y reinos anteriores al islam; comunidades judías y cristianas; La Meca y Medina; el nacimiento y expansión del islam; sociedades tribales; luchas por el control territorial y, finalmente, la construcción de un Estado moderno.
Una nación nacida oficialmente en 1932 sobre una tierra cuya historia se remonta miles de años atrás.
Y quizá sea precisamente esa superposición entre pasado y presente la que permita comprender mejor la singular posición que Arabia Saudita ocupa hoy en la historia del Medio Oriente y de las religiones abrahámicas.
