Instituto Shalem

Por Juciane Festa
Fundadora & CEO
Instituto Shalem

Entre las numerosas conmemoraciones presentes dentro del calendario islámico, pocas poseen una profundidad histórica, religiosa y emocional tan significativa como Ashura. Celebrado el décimo día del mes de Muharram, primer mes del calendario islámico, Ashura ocupa un lugar singular dentro de la memoria colectiva musulmana. Sin embargo, su significado no es uniforme ni puede reducirse a una sola interpretación.

Para algunos musulmanes, especialmente dentro de la tradición sunita, Ashura constituye un día asociado al ayuno, la gratitud espiritual y el recuerdo de acontecimientos sagrados vinculados a los profetas de la tradición abrahámica. Para otros, particularmente en la tradición chiita, representa uno de los momentos más dolorosos y trascendentes de la historia islámica: la memoria del martirio de Husayn ibn Ali en la batalla de Karbalá, ocurrido en el año 680 d.C.

Esta diversidad de significados convierte a Ashura en un fenómeno religioso e histórico complejo, donde convergen espiritualidad, memoria, identidad y reflexión ética.

Comprender Ashura exige, por tanto, ir más allá de simplificaciones o representaciones superficiales. Supone explorar el origen del calendario islámico, las tradiciones religiosas que rodean este día y los acontecimientos históricos que moldearon su relevancia a lo largo de más de trece siglos.

¿Qué es Ashura?

La palabra Ashura proviene del árabe ‘asharah, relacionada con el número diez, en referencia directa al décimo día del mes de Muharram.

Muharram es uno de los cuatro meses considerados sagrados dentro de la tradición islámica y marca el inicio del calendario lunar musulmán. Desde los primeros siglos del islam, este mes ha sido asociado con la abstención de conflictos armados, la reflexión espiritual y ciertas prácticas devocionales.

Ashura, al situarse en el décimo día de este periodo sagrado, adquirió con el tiempo significados múltiples que se desarrollaron de manera distinta dentro de las diversas escuelas y comunidades islámicas.

A diferencia de festividades islámicas universalmente compartidas —como Eid al-Fitr o Eid al-Adha— Ashura no posee una única forma de celebración ni una interpretación homogénea. Su observancia depende del marco doctrinal, histórico y cultural desde el cual se le comprende.

Esta pluralidad constituye uno de los rasgos más importantes para su estudio académico.

El calendario islámico y el mes de Muharram

Para comprender Ashura es necesario comprender primero la estructura temporal del islam.

El calendario islámico, conocido como calendario hégira o Hijri, es un calendario lunar compuesto por doce meses cuya duración depende de los ciclos de la luna. A diferencia del calendario gregoriano —basado en el movimiento solar— el calendario islámico posee aproximadamente 354 días, lo que provoca que sus meses y celebraciones se desplacen gradualmente a través de las estaciones.

El inicio de este calendario se fija en la Hégira (Hijra), la migración del profeta Mahoma y sus primeros seguidores desde La Meca hacia Medina en el año 622 d.C., acontecimiento considerado un momento fundacional de la comunidad musulmana.

Muharram inaugura este calendario y figura entre los llamados “meses sagrados” mencionados en el Corán, junto con Dhu al-Qi’dah, Dhu al-Hijjah y Rajab.

La palabra Muharram puede traducirse como “prohibido” o “sagrado”, aludiendo a la antigua prohibición de hostilidades militares durante este periodo.

Antes incluso del surgimiento del islam, diversos pueblos árabes ya atribuían un carácter especial a estos meses. El islam heredó y resignificó esta tradición, integrándola en su visión religiosa y ética.

Así, el marco temporal donde se sitúa Ashura ya poseía una carga simbólica considerable mucho antes de que el día adquiriera sus posteriores significados históricos.

El origen religioso de Ashura

Las primeras referencias islámicas sobre Ashura aparecen en las tradiciones vinculadas al profeta Mahoma y a la práctica del ayuno.

Diversos hadices —relatos que recogen dichos y acciones atribuidos al profeta— señalan que al llegar a Medina, Mahoma observó que algunas comunidades judías ayunaban en un día específico asociado al recuerdo de la liberación del pueblo de Israel y la salvación de Moisés frente al faraón.

Según estas narraciones, Mahoma habría reconocido la importancia espiritual de este recuerdo y recomendado también el ayuno en Ashura como expresión de gratitud hacia Dios.

Dentro de la tradición islámica sunita, este episodio suele interpretarse como un ejemplo de continuidad espiritual entre el islam y las tradiciones proféticas anteriores.

Es importante señalar que los historiadores y especialistas en estudios religiosos debaten algunos aspectos históricos de estas narraciones y su contexto exacto. Sin embargo, su relevancia no depende únicamente de la verificación histórica estricta, sino del papel que desempeñaron en la construcción de la práctica religiosa musulmana.

Antes del establecimiento definitivo del ayuno obligatorio del mes de Ramadán, ciertas fuentes sugieren que el ayuno de Ashura ocupó un lugar particularmente importante dentro de la comunidad musulmana primitiva.

Posteriormente, el Ramadán se consolidó como principal periodo anual de ayuno, mientras que Ashura permaneció como práctica voluntaria y meritoria.

Ashura en la tradición sunita

Dentro del islam sunita, Ashura es generalmente comprendido como un día de recuerdo espiritual, ayuno y gratitud.

La mayoría de las escuelas jurídicas sunitas consideran el ayuno de Ashura como una práctica recomendada (mustahabb) aunque no obligatoria.

Diversos hadices atribuidos al profeta Mahoma sostienen que el ayuno realizado en este día posee un valor espiritual particular y puede representar un acto de expiación simbólica y renovación moral.

Con el paso del tiempo surgió además la recomendación de ayunar no únicamente el día décimo de Muharram, sino acompañarlo con el noveno o el undécimo día. Esta práctica buscaba diferenciar la observancia islámica de otras tradiciones religiosas y enfatizar su identidad propia.

En muchos contextos sunitas, Ashura es vivida como una ocasión de introspección y disciplina espiritual, comparable a otras prácticas voluntarias de ayuno presentes en la tradición islámica.

No suele estar asociada a manifestaciones públicas de duelo ni a dramatizaciones históricas, rasgo que la distingue claramente de la experiencia chiita del mismo día.

El ayuno de Ashura: práctica y significado

El ayuno constituye una de las expresiones religiosas más antiguas y extendidas de la humanidad. Presente en múltiples culturas y religiones, suele asociarse con purificación, autocontrol y búsqueda espiritual.

En el caso de Ashura, el ayuno representa principalmente una práctica de gratitud y memoria religiosa.

Para numerosos creyentes sunitas, ayunar durante este día implica recordar la protección divina concedida a los profetas y renovar la conciencia moral mediante la abstinencia voluntaria.

Más allá de sus fundamentos doctrinales específicos, el ayuno de Ashura refleja una dimensión universal de la experiencia religiosa: la idea de que la renuncia temporal puede convertirse en un lenguaje espiritual capaz de expresar humildad, disciplina y reflexión interior.

Sin embargo, el significado de Ashura no quedó limitado a esta dimensión devocional.

A partir del siglo VII, un acontecimiento político y humano ocurrido en las llanuras de Karbalá transformaría profundamente la memoria de este día y le otorgaría uno de los significados más poderosos y emotivos de toda la historia islámica.

Ashura en la tradición chiita

Si dentro del islam sunita Ashura está principalmente asociada al ayuno y la memoria espiritual, en la tradición chiita el día adquiere una dimensión profundamente histórica y emocional vinculada al martirio de Husayn ibn Ali en la batalla de Karbalá.

Para el chiismo, Ashura no es únicamente una fecha religiosa, sino un acontecimiento fundacional de identidad y conciencia espiritual.

Husayn ibn Ali era nieto del profeta Mahoma, hijo de Ali ibn Abi Talib y de Fátima, hija del profeta. Su figura ocupa un lugar central dentro del islam chiita, donde es reconocido como el tercer imán y heredero legítimo de la autoridad espiritual derivada de la familia profética.

El recuerdo de Husayn y de quienes murieron junto a él constituye uno de los pilares de la memoria religiosa chiita.

Por esta razón, el décimo día de Muharram es vivido como una jornada de duelo, contemplación y fidelidad ética.

Para comprender esta dimensión resulta necesario revisar el contexto histórico que condujo a los acontecimientos de Karbalá.

El contexto histórico: sucesión y tensiones en el islam temprano

La muerte del profeta Mahoma en el año 632 d.C. abrió uno de los debates más trascendentales de la historia islámica: la cuestión de la sucesión política y espiritual.

Mientras una parte de la comunidad sostuvo que el liderazgo debía recaer en figuras elegidas por consenso, otra defendió que la autoridad legítima correspondía a la familia del profeta, particularmente a Ali ibn Abi Talib.

Estas diferencias no surgieron inicialmente como una división religiosa consolidada, sino como desacuerdos políticos y comunitarios sobre la organización del liderazgo.

Con el tiempo, sin embargo, dichas tensiones evolucionaron hacia tradiciones doctrinales diferenciadas que más tarde serían identificadas como islam sunita e islam chiita.

Décadas después de la muerte del profeta, el mundo islámico experimentaba un proceso de rápida expansión territorial y complejas disputas políticas.

En este escenario emergió la dinastía omeya, cuyo gobierno generó profundas controversias entre distintos sectores musulmanes.

Uno de los episodios más decisivos de este periodo ocurrió durante el gobierno del califa Yazid ibn Mu‘awiya.

La batalla de Karbalá (680 d.C.)

En el año 680 d.C., Husayn ibn Ali recibió llamados de diversos habitantes de Kufa —actual Irak— quienes le expresaban apoyo político frente al gobierno omeya.

Husayn emprendió viaje acompañado por familiares y un pequeño grupo de seguidores.

Sin embargo, antes de llegar a Kufa, su caravana fue interceptada por fuerzas leales al califa Yazid en las cercanías de Karbalá.

Las fuentes históricas describen una situación marcada por el aislamiento y la desigualdad militar.

El grupo de Husayn era reducido y carecía de capacidad para sostener un enfrentamiento prolongado contra un ejército considerablemente superior.

El décimo día de Muharram, correspondiente a Ashura, tuvo lugar el combate.

Husayn y gran parte de sus acompañantes murieron en el enfrentamiento.

Entre los fallecidos se encontraban familiares cercanos y compañeros de viaje, lo que otorgó al episodio un profundo impacto emocional dentro de la memoria islámica.

Aunque las crónicas históricas difieren en algunos detalles y cifras, existe amplio consenso académico respecto a la trascendencia simbólica del acontecimiento.

Karbalá no fue únicamente una batalla.

Se convirtió en un relato moral y político cuya influencia atraviesa siglos de pensamiento religioso.

Husayn ibn Ali y el significado del martirio

Dentro del islam chiita, Husayn es recordado como símbolo de resistencia moral frente a lo que se considera un poder injusto.

Su decisión de no jurar lealtad a Yazid ha sido interpretada como un acto de fidelidad ética y compromiso con principios espirituales superiores.

El concepto de martirio asociado a Husayn no debe comprenderse únicamente como muerte heroica.

En la tradición chiita, adquiere un significado profundamente moral: la disposición a sostener la verdad y la justicia aun frente a circunstancias adversas o inevitables.

Por ello, Karbalá ha sido evocada durante siglos no sólo como memoria histórica, sino también como paradigma de conciencia y responsabilidad moral.

El lema atribuido a esta tradición —“Cada día es Ashura y cada tierra es Karbalá”— expresa precisamente esta lectura simbólica.

Aunque no constituye un principio doctrinal universal ni aparece de forma homogénea en todas las corrientes chiitas, refleja la idea de que la lucha ética entre justicia e injusticia trasciende el episodio histórico original.

Ritual, duelo y memoria

Las conmemoraciones de Ashura dentro del mundo chiita pueden adoptar formas diversas según la región y la cultura.

En muchos lugares se realizan reuniones de memoria religiosa (majalis), recitación de elegías, narración de los acontecimientos de Karbalá y procesiones públicas.

Estas prácticas cumplen múltiples funciones.

Además de expresar duelo, permiten preservar identidad colectiva, transmitir historia y fortalecer vínculos comunitarios.

En ciertos contextos han existido también manifestaciones de autoflagelación ritual.

No obstante, es importante subrayar que estas prácticas no representan la totalidad del mundo chiita y han sido objeto de debate entre autoridades religiosas y comunidades musulmanas.

Las imágenes mediáticas centradas exclusivamente en estos rituales suelen simplificar excesivamente la riqueza histórica y espiritual de Ashura.

Para millones de creyentes, el énfasis principal reside menos en el sufrimiento físico que en la memoria ética y la solidaridad con quienes enfrentan injusticia.

Ashura en el mundo contemporáneo

Actualmente, Ashura es observada de maneras muy distintas a lo largo del mundo islámico.

En países con mayoría sunita, el día suele relacionarse con el ayuno y prácticas religiosas discretas.

En regiones con presencia chiita significativa —como Irak, Irán, Líbano, Bahréin o partes del sur de Asia— pueden desarrollarse importantes ceremonias comunitarias y expresiones públicas de duelo.

Sin embargo, Ashura trasciende el ámbito estrictamente religioso.

Intelectuales, historiadores y movimientos sociales han reinterpretado Karbalá como símbolo universal de resistencia moral, memoria histórica y defensa de principios éticos.

Estas lecturas contemporáneas muestran cómo un acontecimiento ocurrido en el siglo VII continúa inspirando discursos sobre dignidad humana, liderazgo y responsabilidad social.

Reflexión final: memoria, identidad y conciencia histórica

Ashura constituye uno de los ejemplos más reveladores de cómo una fecha religiosa puede reunir múltiples capas de significado.

Es simultáneamente recuerdo espiritual, práctica devocional, acontecimiento histórico y memoria ética.

Para la tradición sunita, permanece asociado principalmente al ayuno y a la gratitud religiosa.

Para la tradición chiita, representa la herida y la dignidad de Karbalá.

Ambas lecturas forman parte del amplio mosaico de la experiencia islámica.

Desde una perspectiva académica, Ashura permite observar cómo las comunidades humanas construyen memoria colectiva y transmiten valores mediante rituales, narrativas y símbolos compartidos.

Más allá de las diferencias doctrinales, el estudio de Ashura revela una cuestión profundamente humana: la necesidad de recordar aquellos acontecimientos que una comunidad considera decisivos para comprender su identidad y sus principios.

En ese sentido, Ashura no es solamente una fecha del calendario islámico.

Es una ventana hacia la historia del islam y hacia las formas en que memoria, espiritualidad y conciencia moral continúan dialogando a través del tiempo.