Instituto Shalem

Juciane Festa

Fundadora & CEO Grupo Shalem

La Biblia nunca llama “Rosh Hashaná” a la festividad que hoy conocemos con ese nombre.

La afirmación puede resultar sorprendente. Rosh Hashaná —literalmente, “cabeza del año”— es una de las celebraciones más importantes del calendario judío y marca, para millones de personas, el comienzo de un nuevo año. Sin embargo, cuando buscamos sus orígenes en la Biblia Hebrea encontramos algo diferente: un día solemne celebrado el primer día del séptimo mes, caracterizado por el descanso, la reunión de la comunidad y el sonido de las trompetas o del shofar.

¿Cómo llegó entonces aquella antigua celebración bíblica a convertirse en el Año Nuevo judío?

La respuesta nos lleva a recorrer siglos de historia y a observar uno de los fenómenos más fascinantes del judaísmo: la manera en que una tradición puede conservar sus raíces y, al mismo tiempo, adquirir nuevos significados.

El primer día del séptimo mes

La referencia fundamental aparece en Levítico:

“En el mes séptimo, al primero del mes, tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas y una santa convocación.” Levítico 23:24

Números vuelve a mencionar la fecha:

“En el mes séptimo, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas.” Números 29:1

El texto hebreo utiliza expresiones como zikhrón teruá, “memorial de aclamación o toque”, y yom teruá, “día de toque o aclamación”.

Pero hay algo que llama inmediatamente la atención: ninguno de estos pasajes afirma que comienza un nuevo año.

Por el contrario, ambos sitúan la celebración en el séptimo mes.

¿Por qué, entonces, el Año Nuevo judío comienza en el séptimo mes?

Un calendario con más de un comienzo

Para comprenderlo debemos abandonar por un momento nuestra concepción moderna del calendario.

En las sociedades antiguas no siempre existía un único “Año Nuevo”. Diferentes ciclos podían comenzar en distintos momentos: el año agrícola, el año administrativo, el año religioso o el año asociado al reinado de los monarcas.

La propia Biblia conserva distintas formas de organizar el tiempo.

En Éxodo 12:2, en el contexto de la salida de Egipto, el mes de Nisán es presentado como:

“el primero de los meses del año”.

Sin embargo, el comienzo del otoño —alrededor del mes de Tishrei— estaba profundamente relacionado con el ciclo agrícola y con la conclusión y renovación del año.

Esta coexistencia de calendarios no era extraña en el antiguo Cercano Oriente.

Siglos después, la tradición rabínica expresaría esta complejidad de manera explícita. La Mishná afirma:

“Hay cuatro comienzos de año.” Mishná, Rosh Hashaná 1:1

Entre ellos se encuentra el primero de Tishrei, utilizado para determinados cómputos civiles y agrícolas.

El calendario judío, por lo tanto, no reemplazó simplemente un Año Nuevo por otro. Conservó diferentes maneras de contar el tiempo.

Nehemías 8: el pueblo reunido alrededor de la Torá

Entre las referencias bíblicas al primer día del séptimo mes existe una escena especialmente significativa.

El libro de Nehemías relata que, precisamente en esa fecha, después del regreso del exilio babilónico, el pueblo se reunió en Jerusalén y pidió a Esdras que trajera el libro de la Torá de Moisés.

Esdras leyó públicamente ante hombres, mujeres y todos aquellos capaces de comprender. Los levitas participaron explicando la lectura:

“Leían en el libro de la Torá de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.” Nehemías 8:8

La escena resulta extraordinaria.

El primer día del séptimo mes ya no aparece solamente asociado al descanso y al sonido de la teruá. Encontramos a toda una comunidad reunida alrededor de la Torá, escuchando, interpretando y tratando de comprender.

El contexto histórico también es importante. Nehemías pertenece al período posterior al exilio babilónico, una etapa fundamental en la reorganización religiosa y comunitaria de Judá.

¿Podría esta reunión conservar o reflejar prácticas desarrolladas durante la experiencia del exilio en Babilonia?

Es una posibilidad interesante, especialmente considerando la creciente centralidad que adquirieron la Torá, su lectura y su interpretación en la identidad de la comunidad postexílica. Sin embargo, las fuentes disponibles no permiten afirmar que la lectura pública de la Torá específicamente el primer día de Tishrei fuera ya una práctica establecida en Babilonia.

Lo que sí podemos observar en Nehemías 8 es algo decisivo: una antigua fecha bíblica aparece convertida también en un momento de reunión comunitaria, enseñanza, interpretación y renovación colectiva alrededor de la Torá.

Incluso la reacción del pueblo resulta reveladora. Al escuchar las palabras de la Torá, las personas comienzan a llorar. Pero Nehemías, Esdras y los levitas les recuerdan que aquel día es santo y les dicen que coman, beban y compartan alimentos con quienes no tienen nada preparado.

Solemnidad, escucha, comprensión, comunidad y celebración aparecen reunidas en una misma jornada.

¿Cuándo aparece el nombre Rosh Hashaná?

La expresión rosh hashaná sí aparece en la Biblia Hebrea, concretamente en Ezequiel 40:1, donde significa literalmente algo semejante al “comienzo del año”.

Pero no funciona allí como el nombre de la festividad que hoy celebramos.

La identificación del primero de Tishrei como Rosh Hashaná se desarrolló gradualmente y quedó claramente establecida en la literatura rabínica.

Este detalle es importante porque nos permite comprender que las festividades religiosas no siempre aparecen completamente formadas desde su primera mención.

También tienen historia.

Del sonido del shofar al día del juicio

Uno de los elementos que sí conecta directamente la celebración bíblica con Rosh Hashaná es el sonido.

La Biblia habla de teruá, pero no explica ampliamente qué significado debía tener aquel toque.

La tradición judía posterior convirtió el shofar en uno de los grandes símbolos de Rosh Hashaná.

Su sonido adquirió múltiples interpretaciones.

Puede entenderse como una llamada a despertar espiritualmente, como una invitación a examinar la propia vida y como el anuncio simbólico de la soberanía divina.

La tradición rabínica desarrolló además otra dimensión fundamental: Rosh Hashaná como día de juicio.

La Mishná describe una imagen poderosa:

“En Rosh Hashaná todos los habitantes del mundo pasan ante Él.” Mishná, Rosh Hashaná 1:2

El comienzo del año se convierte así en un momento en el que el ser humano se encuentra simbólicamente ante Dios y contempla su propia existencia.

No se trata solamente de preguntar qué traerá el año que comienza.

La pregunta es también:

¿qué hemos hecho con el año que termina?

El aniversario de la creación

Con el desarrollo de la tradición rabínica, Rosh Hashaná quedó relacionado también con la creación del mundo y, particularmente, con la creación del ser humano.

Esta asociación transformó profundamente el significado de la festividad.

El Año Nuevo dejó de ser solamente una cuestión de calendario para convertirse en una reflexión sobre la existencia misma.

Si el mundo ha sido creado, entonces cada nuevo año recuerda simbólicamente que la vida puede volver a comenzar.

Pero comenzar de nuevo no significa borrar el pasado.

Significa mirarlo, asumirlo y decidir qué hacer con él.

Diez días para regresar

Rosh Hashaná abre un período que culminará diez días después con Yom Kipur.

Son los Yamim Noraim, los “Días Temibles” o “Días de Reverencia”.

En el centro de este período se encuentra una de las ideas fundamentales del pensamiento judío: la teshuvá.

La palabra suele traducirse como “arrepentimiento”, pero literalmente contiene la idea de regresar.

Regresar a aquello que debería orientar nuestra vida.

Regresar a nuestras responsabilidades.

Regresar a los demás.

Y, para quien vive la experiencia desde la fe, regresar también a Dios.

Por eso Rosh Hashaná no es simplemente una celebración alegre por la llegada de un nuevo año.

Es también una interrupción.

Una pausa dentro del tiempo.

El sonido del shofar rompe la rutina y obliga simbólicamente a escuchar.

Una festividad construida durante siglos

Cuando observamos Rosh Hashaná históricamente descubrimos algo extraordinario.

La Biblia nos entrega algunos elementos iniciales:

el primer día del séptimo mes,

el descanso,

la reunión comunitaria,

la teruá.

Nehemías nos muestra, en el período postexílico, al pueblo reunido ese mismo día alrededor de la lectura y comprensión de la Torá.

La tradición posterior añadirá nuevas capas:

el Año Nuevo,

la creación,

el juicio,

la teshuvá,

los Días de Reverencia,

y toda una liturgia que continuará desarrollándose durante generaciones.

Nada de esto elimina lo anterior.

Lo interpreta.

Quizá allí se encuentre una de las características más fascinantes de la tradición judía: su capacidad de construir significado a través del tiempo sin perder la memoria de sus orígenes.

Rosh Hashaná es un ejemplo extraordinario.

Comenzó siendo, en los textos bíblicos que conservamos, un misterioso yom teruá, un día marcado por el sonido.

Siglos después ese sonido continúa escuchándose.

Pero ahora lleva consigo innumerables generaciones de interpretación, memoria y esperanza.

Y quizá por eso el shofar sigue siendo el símbolo perfecto de esta celebración.

No necesita palabras.

Su sonido simplemente pregunta:

¿qué harás con el tiempo que vuelve a comenzar?

Shaná Tová Umetuká.

Que sea un año bueno y dulce.